León, Gto.— A tan solo 40 minutos del bullicio citadino, entre los cerros que rodean la comunidad de San Juan de Otates, se esconde un tesoro natural que cobra vida en temporada de lluvias: una caída de agua conocida por locales como El Salto de Otates, un rincón sin señalización, sin infraestructura turística, pero con un encanto que premia a quienes se atreven a explorarlo.
La cascada —sin nombre oficial, pero bien identificada por quienes viven cerca— forma parte de un sistema natural que se activa cuando las lluvias elevan el caudal del arroyo que cruza por esta zona del municipio. El agua fluye desde lo alto de los cerros, descendiendo entre piedras, vegetación y senderos que parecen salidos de otra época.
Para llegar, se puede conducir hasta la cortina de la presa, desde donde comienza una caminata de aproximadamente 50 minutos por terreno irregular y subidas que requieren esfuerzo. También es posible recorrer la ruta en bicicleta o motocicleta, opciones populares entre ciclistas de aventura. Si optas por el transporte público, la ruta 80 Ranchos llega a San Juan de Otates, pero de ahí el acceso es únicamente a pie.
El sitio es parte de una propiedad privada, por lo que se recomienda contactar previamente al señor Antonio Ávalos, conocido como “El Hojitas”, quien brinda acceso con un costo simbólico de 5 pesos por persona. El ingreso está pensado para quienes valoran el contacto con la naturaleza y entienden que la conservación es responsabilidad compartida.
Durante la visita es fundamental llevar calzado adecuado, agua suficiente y ropa cómoda. No se recomienda acudir solo ni después del mediodía, y mucho menos dejar basura. El acceso sin infraestructura es parte de su atractivo, pero también un llamado urgente a cuidarlo: lo que hace especial a Otates es justamente lo que puede perderse si no se protege.