León, Gto.- Afuera del Hotel Real de Minas Poliforum, el examen no se estaba resolviendo en una computadora, pero también se estaba jugando algo importante. Mientras su hija permane dentro respondiendo nuevamente la prueba de ingreso a la UNAM, Raquel Ramos esperaba con los nervios de quien sabe que hay cosas que ya no puede hacer por su hija, salvo acompañarla.
Llegaron desde Las Joyas alrededor de las 11:30 de la mañana. Su hija tiene 17 años y quiere estudiar Optometría.

Ya había presentado el examen en línea y había conseguido un resultado favorable, pero la nueva aplicación presencial hizo que tuviera que volver a intentarlo, así que madre e hija regresaron a la cita.
Para la joven, no se trata solamente de pasar un examen. Detrás de esas 120 preguntas está el sueño de convertirse en optometrista y comenzar una carrera universitaria. Para Raquel, además, hay otro significado: su hija sería la primera de la familia en estudiar la universidad y en la UNAM.
Desde Las Joyas
Raquel y su hija viven en la colonia Las Joyas, en León, y ese día hicieron el recorrido juntas para llegar hasta la sede de aplicación.
La joven se convertiría en la primera integrante de su familia en tener acceso a una carrera universitaria, algo que hace que esta espera tenga un significado distinto para quienes están afuera.
En entrevista, Raquel contó que su hija se preparó nuevamente con estudio e investigación, consciente de que esta vez las condiciones serían diferentes.
La familia ya había vivido la emoción de saber que el resultado anterior había sido suficiente para avanzar. La nueva prueba volvió a poner los nervios sobre la mesa, pero también abrió la posibilidad de confirmar ese resultado bajo otras condiciones.
Raquel no llegó sola a la ilusión. Detrás de ella está una familia de cuatro integrantes, sus dos hijos y el deseo de ver a la menor abrirse camino en la universidad.

El sueño tiene nombre: Optometría
La joven tiene claro qué quiere estudiar. Su meta es convertirse en optometrista, una profesión relacionada con la atención de la salud visual y que ahora podría marcar el inicio de su vida universitaria.
Para llegar hasta ese punto ha tenido que prepararse dos veces para el mismo examen. Primero desde casa y ahora en una sede presencial, con supervisión y condiciones distintas.
Mientras tanto, su mamá espera.
Si el resultado vuelve a favorecerla, en casa habrá celebración. Si no ocurre, la familia contempla que vuelva a intentarlo el próximo año.
Pero por ahora no hay nada más que hacer que esperar a que termine la prueba.
Raquel sabe que su hija está adentro haciendo su parte. Ella, desde afuera, también hace la suya: estar ahí.
Y cuando se le pregunta cómo se sentiría si su hija consigue entrar a la UNAM, responde con la emoción de quien lleva horas esperando una noticia que podría cambiar el rumbo de su familia: “Será una gran felicidad para la familia.”
