León, Gto.— Hace 12 años, Ely Guerra estuvo en el Forum Cultural Guanajuato para celebrar dos décadas de trayectoria. Ahora regresó al mismo escenario, pero para acompañar una celebración distinta: los 20 años de este recinto y un espectáculo que durante siete años la ha llevado a encontrarse con la música de Chavela Vargas.
La coincidencia no pasó desapercibida para la cantante. Si entonces eran sus 20 años de carrera, hoy son los del Forum.

Para ella, el paso del tiempo también habla de madurez, de los espacios que se construyen alrededor del arte y de la confianza que un recinto deposita en quienes suben a su escenario.
En «Chavela y Sus Mujeres», Guerra comparte el escenario con intérpretes como Eugenia León, Ximena Sariñana y Regina Orozco, además de músicos que han acompañado este proyecto desde sus distintas etapas.
La libertad de hacer música a su manera
Ely Guerra lleva siete años formando parte de este espectáculo y este será su último año dentro del proyecto. En ese tiempo, encontró una manera propia de acercarse a las canciones que Chavela Vargas defendió durante décadas.
Para ella, la posibilidad de interpretar este repertorio sin renunciar a su propia identidad artística ha sido uno de los aspectos más valiosos de la experiencia.
Guerra llegó a la música de Chavela desde el lugar de una compositora. No busca reproducir una forma determinada de cantar ni convertir su interpretación en una copia de lo que ya se ha hecho. Su intención está en encontrar qué le dicen las letras y desde ahí construir su propia versión.
Esa libertad también se refleja en su carrera como artista independiente. Guerra ha defendido durante años la posibilidad de decidir qué música hacer, cómo presentarla y bajo qué condiciones desarrollar su trabajo.
“Yo, por ejemplo, soy músico totalmente independiente porque quiero libertad creativa”, explica.
Para la cantante, esa independencia no es una postura aislada de la música, sino parte de una forma de entender el arte. Un artista necesita una escala de valores, saber qué quiere defender y tener la capacidad de evolucionar sin perder aquello que considera esencial.
Chavela y las nuevas voces
Uno de los aspectos que más disfruta Guerra del espectáculo es precisamente la posibilidad de que las canciones de Chavela y de José Alfredo Jiménez vuelvan a escucharse desde voces distintas.
No se trata de repetir las interpretaciones que ya forman parte de la memoria musical de México, sino de permitir que cada cantante lleve esas canciones a su propio territorio.
Eso, considera, también puede acercar este repertorio a nuevas generaciones.
La presencia de Ximena Sariñana es un ejemplo. Comparte que en ella encuentra especial belleza en escuchar una canción como «Gracias a la Vida», desde una voz y una sensibilidad diferentes a las interpretaciones que durante años han acompañado al público.
El resultado es un diálogo entre distintas generaciones de mujeres y distintas maneras de entender una misma canción.
Y ahí está una de las riquezas del espectáculo: Chavela permanece, pero las voces que la recuerdan cambian.
La libertad también se aprende entre mujeres
En una de sus últimas presentaciones públicas, Chavela Vargas habló de la libertad como una de las herencias más importantes que podía dejar. A más de una década de su muerte, Ely considera que esa idea sigue vigente, aunque también reconoce cambios importantes en la manera en que las mujeres se relacionan entre sí.
Desde su experiencia de tres décadas en la música, percibe una diferencia clara entre las mujeres de su generación y las generaciones más jóvenes.
Antes, recuerda, existía mayor hostilidad entre mujeres. Hoy observa una relación distinta: mayor acompañamiento, colaboración y solidaridad.
“Hoy las mujeres estamos en otra”, afirma.
La cantante no plantea este cambio como un asunto exclusivo de la industria musical. Lo observa como una transformación social que está ocurriendo en distintos ámbitos y en la que también participan los hombres.
A lo largo de su carrera, reconoce haber trabajado con hombres que, lejos de limitar sus decisiones, fueron facilitadores de sus proyectos. Músicos, colegas, parejas y colaboradores que entendieron que acompañar a una mujer también puede significar permitirle tomar sus propias decisiones.
Pero también destaca el papel que han adquirido las mujeres dentro de sus propios equipos de trabajo.
Son ellas quienes organizan, toman decisiones y sostienen proyectos. En su experiencia, cuando una mujer establece cómo deben hacerse las cosas, el resto del equipo puede simplemente seguirla.
Para ella, ese cambio es significativo porque habla de algo que va más allá de la música: de mujeres que ya no esperan que alguien más les otorgue un espacio de decisión.
Una herencia que sigue creciendo
La libertad que Chavela defendió durante su vida no parece, para Ely Guerra, una tarea terminada.
Es algo que cada persona construye desde sus propias decisiones, valores y manera de vivir.
En su caso, esa libertad ha estado ligada a conservar el control sobre su música y a mantenerse fiel a la artista que quiere ser. En otras mujeres puede tomar formas distintas.
En las artistas que comparten escenario, en las mujeres que forman parte de los equipos detrás de él y en las nuevas generaciones que han encontrado una manera diferente de acompañarse.
Por eso, regresar a León después de 12 años tiene para Guerra un significado que va más allá de la coincidencia de fechas.
El tiempo ha pasado, Chavela ya no está, pero las canciones permanecen y nuevas voces continúan encontrando en ellas una manera de decir algo propio.
Y quizá esa sea una de las formas más concretas de entender la libertad que dejó Chavela: no que las mujeres canten como ella, sino que puedan cantar como ellas mismas.