Aguascalientes.- Hay lugares donde el vino se saborea más allá de la copa. En todo comienza con un gesto de bienvenida: el de Tempranillo, un perro rescatado que hoy acompaña a los visitantes entre viñedos, barricas y atardeceres. Aquí, entre la tierra viva y el cielo abierto, una familia de médicos transformó su pasión en un proyecto que combina respeto por la naturaleza, amor por la gastronomía y una forma distinta de entender el tiempo.

Ubicada sobre la Ruta del Vino y con vista al Cerro del Muerto, Vinícola Santossca cultiva variedades como Malbec y Tempranillo bajo prácticas sustentables. Su producción artesanal ha sido reconocida a nivel nacional, y se marida con comida de autor en un restaurante que se abre al paisaje y a la conversación pausada.
Cada experiencia es íntima, guiada por quienes conciben el vino como un puente entre la tierra y las personas. Para visitarla es necesario reservar. Aquí, más que turismo enológico, se vive una forma de hospitalidad que nace del compromiso con la tierra… y con los vínculos. Y donde incluso un perro rescatado puede recordarte que siempre hay segundas oportunidades para echar raíces.
