En varios cruceros de León, Guanajuato, puedes encontrar algo más que roscas de reyes: roscas hechas con un ingrediente único, el valor de la vida. Estas delicias no solo endulzan la temporada, sino que también llevan un poderoso mensaje de prevención y esperanza.
Las roscas son preparadas por jóvenes del centro de rehabilitación La Búsqueda, que este año celebra 28 años ayudando a personas a superar las adicciones. Este esfuerzo no es solo una venta, es un medio para transmitir que existe un lugar digno para quienes enfrentan el desafío de las drogas, tanto adultos como menores.
Historias de superación
Cada rosca está hecha con el corazón y amor, detrás de cada una hay historias de sufrimiento, superación y agradecimiento. Los ingresos de la venta se destinan a la alimentación y el proceso de rehabilitación de los internos. Según José Luis Sabanero Ríos, consejero en adicciones, “tener a un joven en su proceso de rehabilitación cuesta $45,000 pesos durante tres meses”.
La Búsqueda cuenta con tres centros: uno para adultos, otro para mujeres y uno para menores, ubicado en la colonia León II. En este último, actualmente se atiende a 48 jóvenes y se alberga el taller de panadería, donde se elaboran las roscas.
Aprender para sanar
Roberto Valdivia, responsable del taller de producción, explicó cómo este espacio funciona como terapia ocupacional. “Vienen de no hacer nada, de andar en la calle, y aquí se les da herramientas. Los talleres son de 2 a 3 horas porque son menores, y se les va enseñando a hacer una masa, empaquetar productos, manejar el almacén… con la idea de devolverles los valores que perdieron”.
Ingreso voluntario
Carlos Ramos, consejero en adicciones, destacó que ingresar a La Búsqueda es completamente voluntario y gratuito: “Aquí no se cobra ni un peso por los servicios. Deben asistir a una junta de información de dos horas, junto con un familiar, para conocer el lugar y entender cómo trabajamos. Aquí no hay golpes ni maltratos físicos”.
El tratamiento incluye residencia por tres meses y está basado en los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos (AA). Los familiares también forman parte del proceso mediante reuniones. La atención es personalizada y el programa incluye actividades recreativas, deportivas y manualidades.
Panadería del amor
El taller de panadería es un ejemplo de reinserción y esperanza. Según el progreso de su tratamiento, los jóvenes pasan a colaborar en este espacio. Actualmente, participan ocho panaderos mayores de edad que aprendieron el oficio durante su rehabilitación, además de otros 12 compañeros que apoyan en distintas áreas.
“Este año trabajamos con pedidos diarios de hasta 300 roscas, comenzando siete días antes del 2 de enero para cumplir con las entregas”, compartió Valdivia.
La preventa de las roscas se realiza en empresas, escuelas, con amigos y familiares de los internos. También se venden en puntos estratégicos de la ciudad, como el Instituto Lux y bulevar Campestre.
Un regalo con doble propósito
Las roscas tienen un costo de $270 pesos por una presentación grande de 1 kilo, ideal para 12 personas. Cada compra no solo lleva dulzura a los hogares, sino que también apoya la rehabilitación de jóvenes que luchan por salir adelante.
“Las roscas no solo son alimento, son una oportunidad para mostrar que sí se puede cambiar y tener una nueva vida”, concluyó uno de los consejeros.
