León, Gto.– La lluvia no ahuyentó a nadie. Al contrario, fue parte del espectáculo. Como si el cielo también quisiera llorar un poco de emoción, León recibió por fin la visita pendiente de Morat con un aguacero que no impidió que más de 10 mil personas llenaran la Velaria de la Feria para cantar, mojarse y recordar que el corazón puede resistir más de lo que uno cree.
La espera comenzó desde temprano. A las 6:00 de la tarde, ya se formaban largas filas que serpenteaban más allá de la entrada, hasta el bulevar Francisco Villa. Familias completas, amigas de toda la vida, parejas jóvenes y adolescentes con impermeables transparentes o bolsas en la cabeza, desafiaban una llovizna que parecía inofensiva, sin saber que el cielo se soltaría sin compasión apenas unas horas después.
A las 7:32 de la noche se abrieron las puertas. La gente comenzó a ingresar con paso apresurado pero feliz, mientras los integrantes de Morat llegaba al recinto: sonrientes, con café en mano, listos para cumplir esa promesa que tenían con León desde hace tiempo. La emoción flotaba en el aire… junto con las primeras gotas más intensas.
A las 8:10 pm, la tromba estalló. Calles anegadas, charcos en cada rincón, caos vehicular en los alrededores. Aún así, cientos siguieron llegando, empapados, con zapatos llenos de lodo y las mejillas frías, pero sin perder ni un gramo de ánimo. El show debía continuar, y el público estaba dispuesto a mojarse por él.
A las 9:30 pm, las luces del escenario se encendieron y los acordes de “Faltas tú” marcaron el inicio de la catarsis colectiva. Le siguieron “Como te atreves”, “A dónde vamos” y “Cuando nadie me ve”. Los cuatro integrantes, vestidos con playeras sin mangas pese al clima, sabían que no había tiempo para el frío: tenían que calentar el alma de su público.
Juan Pablo Villamil tomó el micrófono y habló por todos:“Hoy fue un día difícil para todos. Sabemos que muchos de ustedes se mojaron. Queremos extenderles un agradecimiento no solamente a todos ustedes, sino a todo el equipo técnico que se la rifó esta tarde para que el concierto se realizara. Muchísimas gracias de corazón. Los queremos y que sepan que lo vamos a dar todo en este concierto para ustedes”.
El setlist se volvió una terapia compartida: “Debí suponerlo” llegó con fuerza, justo después de un breve discurso sobre el desamor, ese que raspa el pecho cuando alguien ama más que el otro. En el público, parejas cantaban abrazadas, amigas lloraban, padres cantaban con sus hijas.
Uno de los momentos más memorables fue cuando Morat se trasladó a un escenario alterno, montado entre las zonas plata y general. Ahí, un pequeño fan llamado Pablo subió con ellos, eligió dos de sus canciones favoritas —“La Bella y la Bestia” y “Una vez más”— y las cantó entre risas y un par de selfies.
La lluvia nunca se fue. Pero ya nadie la notaba. Fue parte del coro durante canciones como “Me toca a mí”, “Segundos platos”, “Suerte”, “Tarde”, “La Policía”, “No se va”, “Salir con vida”, “Por si no te vuelvo a ver”, “Amor con hielo”, “París” y “Llamada perdida”.
Cuando parecía que la noche llegaba a su fin, el grupo regresó para una última canción: “Besos en guerra”, una despedida que supo a victoria y a gratitud. Morat lanzó baquetas y plumillas como recuerdo, y se marchó dejando a León con el corazón lleno… y los pies mojados.
Pero qué importa eso, si la cuenta ya está saldada.
