Guanajuato, Capital.- Cuando se habla de una prisión, pocas veces se piensa en colores, sueños o historias de aceptación. Sin embargo, durante la conmemoración del Día Internacional del Orgullo LGBTI+, los Centros Estatales de Prevención y Reinserción Social (Cepreresos) de Guanajuato se convirtieron en un espacio donde cientos de personas compartieron algo más que una actividad: compartieron quiénes son.
Por segundo año consecutivo, el Sistema Penitenciario Estatal realizó jornadas relacionadas con el Orgullo LGBTI+, reuniendo a más de 2 mil personas privadas de la libertad que participaron en marchas simbólicas, elaboración de carteles y actividades para expresar su identidad y escuchar las experiencias de otras personas.
Detrás de cada bandera y cada mensaje hay una historia.
“Me siento alegre porque estoy siendo yo”
Crystal recuerda que su proceso de aceptación personal comenzó en un momento inesperado.
Mientras muchas personas descubren quiénes son en la escuela, con amigos o en casa, ella inició ese camino dentro de un centro penitenciario.
“Iba empezando a identificarme y llegué a este lugar, y fui saliendo como del clóset, como de sentirme encerrado. Me siento bastante alegre, porque estoy siendo yo”, compartió.
Para participar en la jornada eligió un vestido rojo y tacones plateados. Más allá de la ropa, para ella significó la oportunidad de mostrarse tal como se siente.
Su testimonio fue uno de los muchos que se escucharon durante las actividades, donde la identidad dejó de ser un tema privado para convertirse en una conversación abierta.

Un lugar distinto al que muchos imaginan
Las historias compartidas durante la jornada también rompieron algunas ideas preconcebidas sobre la vida dentro de los centros penitenciarios.
Ale, conocida como “La Loba”, explicó que dentro del penal encontró algo que no esperaba: acompañamiento emocional.
“Dentro de este lugar hay apoyo. Uno se imagina los centros de una manera distinta, pero el apoyo emocional que a veces no tienes afuera te hace sentir a gusto y seguro (…) Significa algo muy bonito”, relató.
Mientras habla sobre el futuro, sus planes no giran alrededor del pasado, sino de lo que quiere construir cuando recupere su libertad. Entre sus metas está abrir un negocio enfocado en atender a personas gays, lesbianas y trans.
Su historia habla de reinserción, pero también de esperanza y de la posibilidad de imaginar una nueva etapa.
Más que una celebración
Las actividades realizadas en los Cepreresos fueron acompañadas por personas aliadas de la comunidad LGBTI+ y por personal penitenciario que decidió sumarse a la conmemoración.
Durante las jornadas hubo espacios para dialogar, compartir experiencias y reflexionar sobre la importancia del respeto a la diversidad.
Lejos de los escenarios habituales donde se realizan las marchas del Orgullo, esta celebración tuvo lugar entre patios, pasillos y áreas comunes donde, por unas horas, las historias personales ocuparon el centro de la conversación.

Porque detrás de cada persona privada de la libertad hay una vida, una identidad, una familia, un sueño pendiente y una historia que sigue escribiéndose.
Y para Crystal, Ale y muchas otras personas que participaron en estas actividades, el Orgullo significó precisamente eso: la oportunidad de ser vistas, escuchadas y reconocidas más allá de cualquier etiqueta.
