León, Gto.- “El día que te mueras te vas a llevar tu cantina», le decía su esposa a Aurelio Arrona Silva, conocido por todos como Don Yeyo, el creador y alma del Bar Salón Rojo en el Barrio del Coecillo.
Hoy, esa frase toma un significado aún más profundo, mientras León despide a uno de sus cantineros más importantes, un hombre que dejó huella en generaciones de clientes y en la historia de la ciudad.
Un salón para todos
Ubicado en la esquina de las calles Héroes de la Independencia y Monterrey, el Salón Rojo se convirtió en un refugio donde la atención familiar, la botana casera y los cócteles artesanales crearon un espacio único.
Desde 1979, Don Aurelio administró el negocio, tras haber trabajado en varias cantinas de la ciudad y decidir abrir la suya propia.

Para muchos, su llegada al Coecillo fue un giro del destino: aunque no nació en el barrio, lo adoptó y construyó allí su legado.
La época de oro de las cantinas del Coecillo
Don Aurelio fue parte de la época de oro de las cantinas del Coecillo, con paso por lugares como La Coqueta, Tenampa y Cuatro Vientos.
A sus 90 años, se mantuvo presente diario en la cantina, llegando primero que nadie, sentado en su mesa favorita, leyendo el periódico, revisando el menú de botanas que se les ofrecería a sus clientes y supervisando la barra.
Su cuidado y atención a cada detalle se mantuvo hasta sus últimos días, enseñando a sus hijos a continuar la tradición y asegurándose de que cada visitante recibiera un trato especial.
“Ya había trabajado en todas las cantinas y me ofrecieron este lugar, el dueño de la finca es Eduardo Ramírez, yo le pago una renta y nos ha ido muy bien gracias a nuestros clientes”, relataba Don Aurelio.
El primero en llegar y el último en irse
Fuerte como un roble, él fue pionero en traer a León Tequila 7 Leguas, pagando los fletes hasta Atotonilco para cumplir con los gustos de sus clientes.
La pandemia nunca logró vencerlo: aunque tuvo que cerrar un año, pagó renta, luz, agua y seguros, y nunca pensó en cerrar la cantina.

El Salón Rojo también es recordado por su botana. Don Aurelio elegía personalmente cada platillo: chamorro, costilla de puerco, birria, carnes en su jugo, sopa de médula, sopa azteca y lengua formaban parte del menú que deleitaba a los clientes.
La botana se ofrecía junto con la bebida, y cualquier pedido especial se preparaba al momento, siempre con el toque de la familia Arrona.
Deja un legado
La barra se la heredó en vida a su hijo: Joaquín Arrona Vargas continuó la tradición familiar, preparando cócteles que se convirtieron en referentes de la ciudad. Los mojitos artesanales, la sangrita de pichón y el clásico “Morireis” son solo algunos de los tragos que los clientes recuerdan con cariño, disfrutando de un servicio donde la amistad y la cercanía se sentían desde la primera visita.
Visitar el Salón Rojo era llegar a un lugar donde te trataban como en familia: buen trago, buena comida, buena compañía y sobre todo, buen trato.
De luto
Don Aurelio siempre se aseguró de que cada cliente se sintiera parte de esa comunidad que él mismo había construido.
Hoy, el Coecillo despide a Don Aurelio no solo en la cantina, sino también en redes sociales, donde amigos, clientes y vecinos comparten mensajes de cariño y condolencias.

Así lo despiden en redes sociales
“El coecillo está de luto… acaba de morir Don Aurelio, dueño del Salón Rojo, jamás olvidaremos su cálida atención y sus exquisitas botanas, una oración por su eterno descanso”
“La bebida sin duda más famosa alguna fue el mojito, su sangrita de pichón y el Morireis para levantar una buena cruda… y lo mejor, la atención del Sr. Aurelio e hijos”
«Don Yeyo, el mejor cantinero de León, nunca quiso salir del Coecillo y mucho menos de su cantina. Además de los mojitos artesanales, el sazón de la botana era de él. Antes de hacerle una entrevista, te invitaba un trago y un taco, mi favorito era bistec con nopales».
