León, Gto.- Hay conciertos que se anuncian como eventos y otros que, sin proponérselo, se convierten en recuerdos imborrables para quien les tocó vivirlos. El 10 de enero de 2026, Foo Fighters llegó por primera vez a León y la ciudad respondió como si hubiera esperado este momento durante años. No fue una visita más en una gira extensa ni una fecha de trámite. Fue una noche marcada por la espera, por el clima y por una conexión que se fue construyó desde hace años y acorde tras acorde lo confirmó.
Desde la tarde, el recinto comenzó a recibir a quienes sabían que esa noche no sería breve. Las filas avanzaban lentamente, el cielo se mantenía incierto y el escenario permanecía iluminado por luces azules que daban forma a una espera silenciosa. No había prisa, porque el objetivo era claro: estar ahí cuando sonara la primera guitarra.
Llegan a León
La banda arribó a la ciudad de León, a las 5:00 pm aproximadamente al Aeropuerto del Bajío. En camionetas blindadas recorrieron todo el bulevard Adolfo López Mateos, hasta llegar a la Feria de León a realizar su prueba de audio.
El primer aviso: las guitarras
A las 8:57 de la noche, un sonido seco rompió el murmullo. Unos cuantos guitarrazos bastaron para despertar al público. No era todavía el inicio, pero funcionó como un aviso. Las manos se levantaron, los gritos aparecieron y la atención se concentró en el escenario. Luego, otra vez la calma. El reloj siguió avanzando y, cerca de las 9:20, la ansiedad se volvió parte del ambiente.
Fue entonces cuando la lluvia cayó sin aviso. No como fondo escénico, sino como protagonista inesperada. El agua comenzó a cubrir al público y nadie se movió. No hubo repliegue ni desorden. La espera continuó bajo la lluvia, como si fuera parte del ritual previo.
Foo Fighters toma el escenario
A las 9:44 de la noche, Foo Fighters apareció y el grito colectivo borró cualquier rastro de incomodidad. “All My Life” abrió el concierto y marcó el tono desde el primer segundo. Siguieron “Times Like These” y “The Pretender”, construyendo un inicio sin pausas largas ni rodeos. El rock ocupó el espacio completo y el público respondió cantando desde el primer verso.
Las guitarras se mantuvieron al frente, la batería sostuvo el pulso y la lluvia quedó relegada a un segundo plano. El escenario y el público parecían moverse al mismo ritmo.
Interacción constante y una promesa clara
Dave Grohl habló con la gente como si estuviera frente a conocidos. Preguntó si les gustaba el rock y dejó una promesa directa: durante toda la noche habría funk y rock. No fue una frase decorativa. El concierto avanzó sin bajar el ritmo, sosteniendo esa idea canción tras canción.
Pat Smear fue mencionado en varias ocasiones desde el escenario. Cada mención provocó una reacción inmediata. No hacía falta explicar quién era ni por qué importaba. El público lo entendía y lo celebraba.
Ni lluvia ni cansancio
El clima no dio tregua, pero tampoco la energía. La lluvia siguió cayendo mientras el concierto avanzaba. El cansancio de la espera quedó atrás. Cada tema era recibido con aplausos, coros y movimiento constante. No había momentos muertos ni silencios prolongados.
El momento que rompió la noche
En medio del concierto, algo distinto ocurrió. El público comenzó a cantar “Happy Birthday” a Dave Grohl. No fue una instrucción ni una dinámica planeada. Fue un gesto espontáneo que detuvo por un instante el flujo del show. El foro completo se convirtió en un solo coro. La banda escuchó, reaccionó y respondió, entendiendo que ese momento no se repetiría.
Después, el set continuó con “These Days”, retomando el hilo sin alterar la esencia del concierto durante dos horas. Guitarras al frente, batería constante y un público que no dejó de cantar.
La primera visita de Foo Fighters a León quedará para historia y será muy difícil que se repita.
Así sonó Foo en su visita en León
All my life
Times like these me
Pretender
La dee da
These days
My hero
Learn to fly
Run
This si a call
No son of mine
Aurora
White limo
Arlandria
Monkey wrench
Hey J.P.
Best of You
Exhausted
Everlong
