noviembre 5, 2026

Casi 2 mil kilómetros para llevar el sabor de Guanajuato hasta el Caribe

Más de 30 horas en autobús, el cansancio físico, ingredientes que debían mantenerse congelados y un cambio radical de clima no detuvieron a las cocineras tradicionales que viajaron desde Guanajuato hasta Xcaret. Muchas de ellas adultas mayores, emprendieron el recorrido para cocinar, vender y compartir una parte de sus comunidades en el Festival de Tradiciones de Vida y Muerte.

Playa del Carmen, Quintana Roo.— Las horas sentadas en un autobús, el cansancio acumulado en las piernas, las paradas durante el camino y la preocupación de que los ingredientes resistieran el largo recorrido. El agotamiento físico, nunca les quitó la ilusión de llegar a su destino, un grupo de cocineras y cocineros tradicionales de Guanajuato atravesaron el país para llevar sus sabores hasta Xcaret.

No era cualquier traslado, fueron aproximadamente mil 950 kilómetros desde León hasta la Riviera Maya y más de 30 horas de carretera, con escalas y descansos. Muchas de las mujeres eran adultas mayores y, aun así, se sumaron a una travesía que exigió mucho más que preparar sus platillos: tuvieron que organizar la materia prima, congelar los alimentos, protegerlos durante el transporte terrestre y enfrentar un clima completamente distinto al de sus comunidades.

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En sus maletas no solamente viajaban ingredientes. Llevaban el trabajo de días, recetas tradicionales y los sabores de una tierra que querían compartir con visitantes de México y otros países.

Al llegar a Xcaret no terminó el esfuerzo. El calor y las condiciones climáticas representaron otro desafío. Había que cuidar que los productos no se echaran a perder y trabajar para ofrecerlos en las mejores condiciones. Todo para que, a casi 2 mil kilómetros de casa, alguien pudiera probar un taco de flor de palma, una quesadilla de flor de maguey o alguno de los ingredientes que nacen en los campos y cerros guanajuatenses.

Los sabores que nacieron en el campo

Entre las cocineras tradicionales participantes estuvo Carmen Hernández Mata, originaria de San Luis de la Paz, quien llevó hasta Xcaret algunos de los ingredientes más tradicionales de su región: flor de palma, chiveles y flor de maguey.

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Con ellos preparó tacos y quesadillas, una muestra de la cocina que se construye a partir de los productos que ofrece la naturaleza y de los conocimientos que se transmiten entre generaciones.

Mujer con blusa rosa bordada y joyería artesanal en un entorno concurrido.

Para Carmen, llegar hasta Xcaret y encontrar a personas de distintos lugares interesadas en probar sus platillos fue una experiencia llena de emoción.

«Más que nada, mucha emoción y mucha alegría de que otras personas lo hayan probado y que les haya gustado», compartió.

La respuesta de los turistas nacionales e internacionales fue favorable y las ventas resultaron buenas. Además, las cocineras tuvieron la posibilidad de conservar íntegramente los ingresos de sus productos, sin que se les cobraran comisiones por comercializarlos.

Después de las horas de carretera, de cuidar los ingredientes y de trabajar lejos de casa, regresar con buenas ventas representó una recompensa. Pero también lo fue comprobar que los sabores de sus comunidades podían conquistar paladares tan distintos.

Ensayaron en las gasolineras

Mientras las cocineras cuidaban sus ingredientes, los jóvenes del Ballet Folclórico de la Universidad de Guanajuato también llevaban su propia misión.

Entre ellos estuvo Joel Lara, estudiante de la Universidad de Guanajuato e integrante de la agrupación, quien participó en el programa Camino Real de Tierra Adentro.

El compromiso con sus presentaciones era tal que las paradas del autobús se convirtieron en oportunidades para ensayar. Incluso en las gasolineras, mientras el resto descansaba o aprovechaba para bajar, los bailarines repasaban sus coreografías.

No querían llegar a Xcaret sin estar preparados. Sabían que representaban a su universidad, a sus familias y a Guanajuato.

Ya en el festival, compartieron el folclor guanajuatense con visitantes de diferentes partes de México y del mundo. El recibimiento fue cálido y, al terminar las funciones, algunas personas se acercaban a felicitarlos y preguntar si habría más presentaciones.

«Fue muy emotivo, fue muy bonito, fue una experiencia súper satisfactoria estar compartiendo este folclor con todas las personas que estuvieron de diferentes partes del mundo, de diferentes partes de la República», relató Joel.

El joven guanajuatense destacó el orgullo de representar al estado y reconoció el trabajo de sus compañeros, así como la dirección del maestro Martín Roberto Martínez Rocha, al frente de un equipo que se preparó para ofrecer lo mejor de sí.

Joven sonriente con gorra y camiseta amarilla, posando en el interior de una vivienda.

Guanajuato mostró su diversidad

La participación guanajuatense en el Festival de Tradiciones de Vida y Muerte fue más allá de la gastronomía y la danza. En su vigésima edición, Xcaret recibió al estado como Invitado de Honor, con una delegación que mostró distintas expresiones de su identidad cultural.

La representación incluyó 127 artistas y una programación de espectáculos, música, danza y teatro, además de actividades gastronómicas, artesanales y talleres.

También estuvieron presentes talleristas de Celaya, Salamanca, Acámbaro e Irapuato, quienes compartieron conocimientos y actividades con los visitantes. A esta muestra se sumó Marca Guanajuato, con productos de empresas y productores locales.

Entre las expresiones artísticas también destacaron el Teatro Universitario de Guanajuato, con los Entremeses Cervantinos; la Estudiantina de la Universidad de Guanajuato; Las Palomitas Serranas, con el huapango arribeño, y la Compañía de Danza Experimental Lola Lince.

Fue una oportunidad para que los visitantes conocieran no solamente los atractivos turísticos del estado, sino también sus oficios, su gastronomía, sus expresiones artísticas y los saberes que permanecen vivos en sus municipios.

Grupo de personas comparte comida tradicional mexicana alrededor de una mesa.

El orgullo también se mide en kilómetros

Al terminar el festival, las cocineras regresaron con buenas ventas y la satisfacción de haber compartido sus sabores; los bailarines, con la experiencia de llevar el folclor guanajuatense a un escenario internacional.

Porque llegar hasta el Caribe significó mucho más que recorrer una carretera: fue llevar un pedacito de Guanajuato hasta Xcaret.

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