León, Gto.- Alumnos llegaron a disfrutar, egresados volvieron a caminar por los mismos pasillos, profesores orgullosos que hoy forman nuevas generaciones, familias completas que llegaron para compartir el día. Y emprendedores que regresaron a su universidad para mostrar lo que han construido, así se vivió el Día de la Comunidad de la Universidad La Salle Bajío, que este 2026 celebró 58 años de historia.
Una jornada que reunió a más de mil quinientos lasallistas provenientes de los cinco campus de la institución en el Bajío.

Volver a donde todo comenzó
La jornada arrancó con la celebración eucarística “Caminos de encuentro”, después, el campus Campestre se convirtió en un enorme punto de reunión.
Había de todo: mascotas exóticas, granjita, juegos, talleres, deporte, música, comida, artesanías y espacios para que los más pequeños también hicieran suyo el campus.

Pero detrás de cada actividad había una historia. La de quienes regresaron después de años, la de quienes siguen ahí, y la de quienes apenas comienzan a construir su propia historia lasallista.
“Esperanza, servicio y fraternidad”
Ma. Socorro Durán González, vicerrectora académica de La Salle Bajío, lleva 22 años trabajando en la universidad, aunque su historia con la institución comenzó mucho antes, desde la preparatoria en el Colegio La Salle.
Para ella, celebrar 58 años significa también hablar de permanencia.
“Muy contenta porque cumplir 58 años en una institución educativa, con los retos que actualmente se tienen con las juventudes, el contexto económico y político, y mantenernos vigentes dada nuestra misión con enfoque filosófico cristiano, pues estamos muy contentos de que nos tengan vigentes en 58 años en la ciudad”, compartió.

La vicerrectora comparte que hay recuerdos que no se borran.
Como la ilusión de los estudiantes que llegan por primera vez. Y años después, el agradecimiento de quienes regresan convertidos en profesionistas.
“Cuando los estudiantes van a ingresar y la ilusión de poder tener una carrera, cuando egresan y te agradecen todo lo que les has dado, es muy reconfortante que ellos se sientan acompañados en esta universidad”, recordó.
Para ella ser lasallista es: “Esperanza, servicio y fraternidad”.
Volver a casa como emprendedores
En el bazar de egresados, el reencuentro tuvo otra forma: emprendimientos.
Como el de Ximena Juárez, egresada de Diseño de Producto, presentando por primera vez su marca, dedicada a libretas, agendas y papelería personalizada.
La idea nació precisamente en la universidad.
“Cuando yo estaba en la universidad diseñé mi propia agenda. La verdad no pensaba venderlas, pero me empezaron a comprar y a raíz de ahí empecé a hacer…”, contó.
Ahora regresó, pero ya no como estudiante, volvió como emprendedora. Y esta fue su primera vez participando en el Día de la Comunidad.
“Está muy padre, hay mucha gente, hay mucha comunidad. Está padre como todas las diferentes dinámicas y todos los espectáculos que hay”.
En familia
Dalila Hernández también volvió. Ella estudió la generación 2011-2015 y es licenciada en Criminología y Criminalística.
Esta vez no llegó sola, trajo a sus sobrinos para enseñarles el lugar donde construyó parte de su historia.
“Creo que es una manera de recordar, de recorrer los pasillos y de estar otra vez aquí en el campus”, dijo.

Lo que más disfruta del encuentro, aseguró, es que haya actividades para todos. Los niños tienen sus espacios. Los egresados se encuentran. Las familias conviven.
“Soy muy orgullosa de ser lasallista. Ahora tengo la oportunidad también de ser docente y eso todavía me hace sentirme más orgullosa, porque creo que me ha dado la universidad la oportunidad de trascender en lo educativo y ahora en lo profesional”.
Una fiesta lasallista
Mientras las historias se cruzaban, las actividades no paraban.
En la explanada del MIM hubo talleres de ciencia, como la construcción de un caleidoscopio; derechos humanos; expresiones culturales; nieve artesanal; papiroflexia; hidroponía; ojitos de Dios; ruleta felina; lotería lasallista, impartida por el campus Salamanca; cabina de fotos; decoración de macetas; pinta caritas; pulseras y juegos lúdicos infantiles.

También hubo inflables para los pequeños y espacios para disfrutar algún antojo.
La facultad de gastronomía puso sabor con un taller de asado para familias, además de decoración de cupcakes y el grupo Fraterno también ofreció pizzas.
El deporte ocupó canchas y espacios del campus con partidos de egresados y encuentros de básquetbol, fútbol y voleibol, además de actividades de grupos representativos.

El arte también salió a los pasillos
La jornada tuvo danza árabe, flamenca, capoeira, ritmos latinos y taller de teatro.
En el pasillo de idiomas se instalaron artesanías. En Mi Museo Universitario La Salle hubo actividades relacionadas con las exposiciones y un club de televisión.
El orgullo también se emprende
Uno de los espacios que más reflejó la conexión entre pasado y presente fue el bazar de egresados.
Ahí no solo se vendían productos, se mostraron proyectos nacidos después de pasar por las aulas.
Junto a ellos estuvo también el bazar del Consejo General Estudiantil, sumando nuevas propuestas de quienes actualmente forman parte de la comunidad universitaria.
De la misa a la Sonora
Para amenizar la tarde La Sonora Imperial, tomó el escenario y convirtió el cierre en pista de baile.
Después de un día de talleres, partidos, comida, exposiciones, emprendimientos y reencuentros, los asistentes terminaron bailando y cantando.
Porque el Día de la Comunidad , no es un día cualquiera, es volver a los pasillos, volver a encontrarse. Y recordar que, 58 años después, ser lasallista también significa llevar un pedazo de La Salle a donde quiera que se vaya.