León, Gto.- Manuel Medrano regresó a la ciudad donde —como él mismo lo dijo— encontró “al público más afinado”, pero esta vez lo hizo frente a un escenario más íntimo. A diferencia de su visita anterior, cuando abarrotó el Domo de la Feria, en esta ocasión se reunió con cerca de 2,500 personas, suficientes para crear un ambiente cálido, cercano y profundamente emocional que acompañó cada canción de su 10 Años Tour.
Un arranque suave antes del despegue
Antes de que empezara el concierto principal, el cantautor colombiano Duplat abrió la noche con una participación breve. Su propuesta indie acompañada de teclado y guitarra sirvió como preámbulo para lo que vendría, mientras el público seguía ocupando sus asientos y preparando los celulares para el verdadero estallido emocional: la llegada de Medrano.
El Domo estalla: luces, gritos y una guitarra roja
Las luces se apagaron por completo y el Domo se transformó en un cielo de destellos blancos. Una voz grave anunció el inicio del concierto y, cuando Manuel Medrano apareció con chaqueta negra, lentes y una guitarra roja, el público respondió con un grito que lo obligó a detenerse antes de cantar la primera frase.
Desde el inicio, el colombiano dejó claro que el concierto sería un diálogo permanente. Preguntó al público cómo se veía mejor: ¿con lentes o sin lentes? Luego los invitó a cantar con él, a acompañarlo, a entregarse al viaje musical que conmemoraba una década de carrera.
Parejas abrazadas, celulares encendidos y un coro que no soltó ninguna canción
La atmósfera dentro del Domo se volvió colectiva:
– Parejas que cantaban abrazadas.
– Adolescentes grabando cada momento.
– Grupos de amigos tomándose fotos entre canción y canción.
– Familias que crecieron escuchando las baladas del colombiano.
La ciudad, aunque con menos asistentes que la vez anterior, sonó más fuerte que nunca. Canciones como “Siento”, “La Distancia”, “Mi Otra Mitad” y “Afuera del Planeta” se convirtieron en un coro unísono.
Y cuando llegó “Bajo el Agua”, Medrano ni siquiera intentó cantar la primera estrofa. Cerró los ojos y dejó que León hiciera el trabajo. “Si cantan así, me quedo a vivir aquí”, dijo sonriendo.
Cambio de energía, cambio de guitarra
A la mitad del concierto, Manuel dejó a un lado su guitarra roja para tomar una guitarra blanca que iluminó el escenario. El gesto levantó un grito colectivo, y él aprovechó para agradecer, una vez más, la presencia del público.
La palabra “gracias” la repitió decenas de veces durante la noche.
La cita que lo cambió todo
Uno de los momentos más intensos del concierto llegó casi al final, cuando Manuel bajó el ritmo, pidió a todos guardar silencio y ofreció un mensaje que el público escuchó en absoluto respeto. Dijo, con la voz quebrada:
“Sin ustedes yo sería nada sin sin la compañía y el apoyo de todos ustedes. Muchas gracias por caminar este camino del arte de la mano conmigo, por vibrar con mi música, con mis canciones. Por hacerme parte de sus vidas. Los quiero montones. México se siente fuerte en la distancia y aquí en mi corazón. Así que después de tanto he llegado a la conclusión… No me diga eso porque me enamoro. Y yo ya estoy que no me cabe de merecer. Ahora, ahora, déjenme hablar, por favor, un segundo. Tengo algo importante que decirles. Después de tanto he llegado a la conclusión: que ustedes son mi otra mitad.” El público respondió con un alarido que retumbó en las gradas.
Un cierre que hizo vibrar al Domo
Tras hora y media de concierto, regresó al escenario para cantar “Una y otra vez”, provocando saltos, gritos y una energía que transformó al Domo en un coro infinito.
Manuel se despidió soplando un beso hacia el público y repitiendo lo que había dicho durante toda la noche:
“Gracias. Gracias. Gracias.”