Ha muerto uno de los más grandes escritores mexicanos del siglo XX: José Agustín Ramírez Gómez.
Sin su influencia, la literatura mexicana no sería lo que es ahora, pues son sus libros le dio rostro y voz a toda una generación: la de aquellos que fueron jóvenes durante los sesenta y setenta.
Nacido el 19 de agosto de 1944 en Acapulco Guerrero, José Agustín destacó por un talento y un precocidad literarias desde muy joven, publicando su primera novela, ‘La tumba’ que escribió a los 16, y a los 22 De perfil.
Junto con los escritores Parménides García Saldaña, Jesús Luis Benítez y Gustavo Saínz, surgió el movimiento literario conocido como ‘La onda’, que tuvo gran auge en los años sesenta en México y plasmaba en sus letras la vida de los jóvenes de aquel entonces. A lo largo de su vida llena de experiencia, tuvo un turbulento romance con Angélica María y realizó varios guiones cinematográficos, como ‘Cinco de chocolate y uno de fresa’, ‘El apando’ entre otros.
Pero la obra de José Agustín fue muy extensa. Además, escribió guiones, obras de teatro y la ‘Tragicomedia mexicana’ crónica de la vida en México dividida en tres libros, desde 1940 hasta 1994.
Sobre José Agustín, el escritor Bernárdo Fernández, ‘BEF’, quien ha visitado la Feria de León varias veces y ha sido premiado en sus foros, escribió en su cuenta de Facebook: “para las generaciones posteriores a la suya fue tan influyente como Juan Rulfo. Tanto, que sin él y su aportación, la gran mayoría de quienes vinimos después no tendríamos espacio en el mundo editorial”.
“José Agustín abrió la puerta de la literatura mexicana a un desenfado que era impensable para la generación anterior. Etiquetado y estigmatizado como el líder de la llamada literatura de la onda (término acuñado por Margo Glantz), padeció hasta el final el ser eternamente tratado por la crítica como un chamaco. Pero justo al lado de autores como Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña fueron los primeros en abrazar la cultura pop, el rock, los cómics y los subgéneros literarios como elementos literarios legítimos en una tradición que hasta antes de ellos era rígida y solemne. Y sobre todo, dar voz a los jóvenes de México, invisibilizados en nuestras letras hasta los años 60. Espléndido narrador, fue un espíritu inquieto, fenomenal polígrafo que también dirigió cine y que sostuvo con la música, no sólo con el rock, un amorío intenso durante toda su vida”, recordó Bernardo Fernández.
Bernardo Monroy