abril 12, 2026

De la cocina de su suegra a representar a Guanajuato: la historia de Ana María Soto y el valor de aprender desde casa

El fogón como herencia, el aprendizaje como camino

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Pénjamo, Gto.– La cocina tradicional de Guanajuato se sostiene en historias que comienzan dentro del hogar, con recetas transmitidas en silencio, con mucha paciencia y amor. Así inició el camino de Ana María Soto Vargas, cocinera tradicional originaria de Pénjamo, quien desde 2010 forma parte del programa estatal de Cocineras Tradicionales.

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Antes de participar en ferias, encuentros gastronómicos y eventos fuera del país, Ana María cocinaba únicamente para su familia. Al casarse, su relación con la cocina era limitada. Vendía tortas cuando era soltera, pero no dominaba los platillos que hoy la identifican.

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Fue su suegra quien le enseñó lo básico: cómo preparar los alimentos, cómo organizar la cocina y cómo respetar los tiempos del fogón. Ese aprendizaje cotidiano marcó el inicio de un proceso que con los años se transformó en un oficio reconocido.

El miedo de salir y la decisión de quedarse

En 2010 recibió la invitación para integrarse al programa de Cocineras Tradicionales, aceptar implicó salir de su entorno habitual. Ana María recuerda que al inicio casi no salía sin su esposo y sentía temor de participar en eventos fuera de su comunidad. Con el tiempo, el diálogo familiar permitió que continuara. Fue parte del primer grupo de cinco mujeres que dieron forma al proyecto.

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El primer evento se realizó en la ciudad de Guanajuato. Para Ana María, ese momento marcó un cambio, cocinar fuera de casa, compartir su trabajo con personas desconocidas y recibir retroalimentación le permitió reconocer el valor de lo que hacía todos los días.

Capacitación, práctica y reconocimiento

A partir de su integración al programa, su cocina comenzó a recorrer distintos espacios dentro y fuera de México. Participó en eventos nacionales y representó a Guanajuato en el extranjero, incluida una presentación en Madrid. Cada salida implicó preparación, aprendizaje y adaptación.

Los cursos y procesos de capacitación fortalecieron su trabajo. Aprendió a organizar equipos, a presentar sus platillos y a comprender la importancia cultural de la cocina tradicional. Para ella, este proceso también significó aprender a valorarse y a reconocer su lugar dentro del proyecto.

Platillos que cuentan una historia

Las enchiladas Tres Marías identifican su propuesta culinaria. El platillo combina enchilada verde, de mole y roja. La cecina acompaña cada presentación. Ana María explica que no puede participar en un evento sin llevar ambos platillos, porque forman parte de su historia y de lo que aprendió en casa.

Cada receta representa años de práctica, correcciones y enseñanzas transmitidas de generación en generación. La cocina que hoy presenta se construyó a partir de lo aprendido con su suegra y de la experiencia adquirida con el tiempo.

La cocina también se hereda

La familia la sigue y apoya. Su hija la acompaña en cada evento y participa en la preparación de los alimentos, la cocinera expresa su deseo de que ella continúe el camino y forme parte del programa de Cocineras Tradicionales. Para ella, la cocina no se enseña solo con palabras, se aprende observando y participando.

Identidad, turismo y memoria culinaria

El programa de Cocineras Tradicionales impulsa el reconocimiento de quienes preservan recetas, técnicas y saberes ligados a la historia de Guanajuato. A través de su trabajo, estas mujeres llevan la cocina del estado a nuevos espacios y públicos.

La historia de Ana María Soto Vargas muestra cómo una enseñanza recibida en casa, junto al fogón de una suegra, puede convertirse en una trayectoria que representa a Guanajuato dentro y fuera del país.

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