El cáncer de mama es la primera causa de muerte por tumores en mujeres mayores de 25 años y, además, el tipo de cáncer más frecuente en mujeres de países occidentales. Aunque suele presentarse con mayor frecuencia después de los 50 años, no es exclusivo de una edad ni de un género, ya que el 1% de los casos diagnosticados ocurre en hombres.
Cada octubre, el mundo se viste de rosa para recordar la importancia de la detección temprana. El Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama busca reforzar los mensajes de prevención y fomentar el autocuidado. El lazo rosa se ha convertido en símbolo de unión y esperanza que representa el compromiso social en la lucha contra esta enfermedad.
Las personas especialistas señalan que existen factores de riesgo que pueden dividirse en dos grupos: no modificables y modificables. Los primeros no pueden cambiarse, pero sí detectarse a tiempo. Entre ellos se encuentran la edad (mayor de 35 años), los antecedentes familiares de primer grado (madre o hermanas), la presencia de genes como BRCA1 y BRCA2, el inicio temprano de la menstruación (antes de los 12 años) y la menopausia tardía (después de los 54 años).
Por otro lado, los factores modificables son aquellos que dependen de los hábitos de vida. Entre ellos se incluyen el consumo de tabaco o vapeadores, el consumo de alcohol, el sobrepeso u obesidad, el sedentarismo y las dietas ricas en carbohidratos y alimentos ultraprocesados. Reconocer estos factores resulta esencial, ya que 85% de los diagnósticos iniciales se presentan en personas sin antecedentes familiares.
A su vez, existen elementos protectores que ayudan a reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad. Mantener un peso saludable, realizar actividad física mínimo de 30 a 50 minutos al día, llevar una alimentación balanceada rica en frutas, verduras y fibra; así como practicar la lactancia materna exclusiva por más de dos años, son acciones que contribuyen de manera significativa. A ello se suma la importancia de acudir a revisiones médicas anuales con personal certificado.
La autoexploración mamaria es una herramienta fundamental para la detección temprana. Se recomienda realizarla una vez al mes y no lleva más de tres minutos. A partir de los veinte años, se sugiere hacerla el séptimo día después de iniciar la menstruación, mientras que en mujeres en la etapa de la postmenopausia debe elegirse un día fijo de cada mes. El procedimiento es simple:
1. Posicionarse frente a un espejo, colocar las manos en las caderas e inclinarse un poco hacia adelante y ver si hay modificaciones en las mamas; posteriormente, observar ahora con los brazos extendidos hacia arriba.
2. Tocar y sentir: con la yema de los dedos índice, medio y anular, palpar, estando de pie, desde la axila hasta el pezón con movimientos circulares; se puede realizar mientras se realiza el baño en la regadera.
3. Realizar las mismas maniobras de exploración con los dedos, pero ahora acostada y con una almohada debajo de la espalda.

Entre las señales de advertencia que deben vigilarse se encuentran la aparición de un bulto nuevo en la mama o axila, el engrosamiento o cambios en la piel, hoyuelos, enrojecimiento, descamación, hundimiento del pezón, secreción anormal o cambios en el tamaño y forma de la mama.
La recomendación final es clara: si se nota algo diferente, se debe acudir de inmediato al médico. La detección temprana puede marcar la diferencia entre un tratamiento exitoso y uno más complejo. En la lucha contra el cáncer de mama, la información, la prevención y la acción oportuna son las mejores aliadas.