abril 10, 2026

Cáncer de mama: la prevención puede salvar vidas 

Por: Dra. Sandy Elizabeth San Román Torres, Docente de la Escuela de Medicina del Bajío 

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El cáncer de mama es la primera causa de muerte por tumores en mujeres mayores de 25  años y, además, el tipo de cáncer más frecuente en mujeres de países occidentales. Aunque  suele presentarse con mayor frecuencia después de los 50 años, no es exclusivo de una edad  ni de un género, ya que el 1% de los casos diagnosticados ocurre en hombres. 

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Cada octubre, el mundo se viste de rosa para recordar la importancia de la detección temprana. El Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama busca reforzar los  mensajes de prevención y fomentar el autocuidado. El lazo rosa se ha convertido en símbolo  de unión y esperanza que representa el compromiso social en la lucha contra esta enfermedad. 

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Las personas especialistas señalan que existen factores de riesgo que pueden dividirse en  dos grupos: no modificables y modificables. Los primeros no pueden cambiarse, pero sí  detectarse a tiempo. Entre ellos se encuentran la edad (mayor de 35 años), los antecedentes  familiares de primer grado (madre o hermanas), la presencia de genes como BRCA1 BRCA2, el inicio temprano de la menstruación (antes de los 12 años) y la menopausia tardía  (después de los 54 años). 

Por otro lado, los factores modificables son aquellos que dependen de los hábitos de vida.  Entre ellos se incluyen el consumo de tabaco o vapeadores, el consumo de alcohol, el  sobrepeso u obesidad, el sedentarismo y las dietas ricas en carbohidratos y alimentos  ultraprocesados. Reconocer estos factores resulta esencial, ya que 85% de los diagnósticos  iniciales se presentan en personas sin antecedentes familiares

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A su vez, existen elementos protectores que ayudan a reducir el riesgo de desarrollar la  enfermedad. Mantener un peso saludable, realizar actividad física mínimo de 30 a 50 minutos  al día, llevar una alimentación balanceada rica en frutas, verduras y fibra; así como practicar  la lactancia materna exclusiva por más de dos años, son acciones que contribuyen de manera  significativa. A ello se suma la importancia de acudir a revisiones médicas anuales con  personal certificado. 

La autoexploración mamaria es una herramienta fundamental para la detección temprana.  Se recomienda realizarla una vez al mes y no lleva más de tres minutos. A partir de los veinte  años, se sugiere hacerla el séptimo día después de iniciar la menstruación, mientras que en  mujeres en la etapa de la postmenopausia debe elegirse un día fijo de cada mes. El  procedimiento es simple: 

1. Posicionarse frente a un espejo, colocar las manos en las caderas e inclinarse un poco  hacia adelante y ver si hay modificaciones en las mamas; posteriormente, observar ahora con  los brazos extendidos hacia arriba.

2. Tocar y sentir: con la yema de los dedos índice, medio y anular, palpar, estando de  pie, desde la axila hasta el pezón con movimientos circulares; se puede realizar mientras se  realiza el baño en la regadera. 

3. Realizar las mismas maniobras de exploración con los dedos, pero ahora acostada y  con una almohada debajo de la espalda. 

Entre las señales de advertencia que deben vigilarse se encuentran la aparición de un bulto  nuevo en la mama o axila, el engrosamiento o cambios en la piel, hoyuelos, enrojecimiento,  descamación, hundimiento del pezón, secreción anormal o cambios en el tamaño y forma de  la mama. 

La recomendación final es clara: si se nota algo diferente, se debe acudir de inmediato al  médico. La detección temprana puede marcar la diferencia entre un tratamiento exitoso y  uno más complejo. En la lucha contra el cáncer de mama, la información, la prevención y la  acción oportuna son las mejores aliadas. 

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