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febrero 22, 2026

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“Cada papel no lo actué… lo viví”: Ana Martín dedica su homenaje en el GIFF a los latinos de todo el mundo

En una noche que quedará grabada en la memoria del cine mexicano, Ana Martín fue recibida con cariño y profunda emoción en Irapuato, en el marco de la edición 28 del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF). El homenaje fue más que un reconocimiento: fue un acto de gratitud de la actriz hacia quienes la han acompañado durante más de seis décadas. Y desde el escenario, con la voz entrecortada, lo dejó claro:
este homenaje se lo dedica a los latinos de todo el mundo.

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“Gracias a los latinos por todos lados. ¡Viva la juventud! ¡Vivan los latinos! ¡Viva el público!”, exclamó frente a un teatro colmado, mientras las ovaciones la envolvían. A sus 79 años, y después de haber recorrido todos los formatos posibles —del cine de los años 60 a las telenovelas que cruzaron fronteras—, Ana Martín ofreció uno de los momentos más emotivos del festival.

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Su llegada fue digna de una leyenda viva: montada a caballo, acompañada por jinetes, recorrió el Centro Histórico desde la Plaza España hasta la alfombra roja, donde un grupo de seguidores la esperaba con aplausos, flores y gratitud.

Ahí, en el corazón de Irapuato, compartió la frase que marcó la esencia de su carrera:
“Cada papel no lo actué… lo viví”.

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Desde sus primeras apariciones en cintas como “Acapulco a go-gó” o “Blue Demon contra Las Diabólicas”, hasta sus icónicos papeles en “El Pecado de Oyuki”, “Destilando Amor” y “La Madrastra”, Ana Martín ha construido una trayectoria que no sólo pertenece al cine mexicano, sino también al alma colectiva de millones de latinos que crecieron viéndola.

Contó que su madre deseaba para ella una vida tradicional, como esposa y madre de familia. Pero su vocación era otra. Y su padre, con sabiduría, le ofreció un consejo que marcó su camino:
“Nunca le mientas al público”.

Durante la ceremonia, recibió la Cruz de Plata, máxima distinción del GIFF, y fue testigo de la presentación del mural de la identidad del artista Salvador Almaraz, que rinde homenaje a la historia de los irapuatenses y que ahora también acoge su rostro.

“Tuve la suerte de trabajar con grandes productores, técnicos, directores y actores”, dijo al agradecer a quienes han formado parte de su historia. Pero fue enfática: “Lo más importante siempre ha sido el amor del público”. También reconoció el acompañamiento de la prensa especializada a lo largo de los años.

Con calidez recordó a su musa, María Victoria, quien inspiró su presencia, su temple y su pasión. Y aprovechó el momento para enviar un mensaje a las nuevas generaciones: “A todos los jóvenes hay que apoyarlos”.

Finalmente, celebró al estado anfitrión con palabras claras: “Felicito a Guanajuato porque aquí se ve cine mexicano… y actores mexicanos”.

Entre caballos, murales, recuerdos y aplausos, Ana Martín volvió a demostrar que su historia no sólo pertenece a la pantalla, sino también a cada latino que encontró en ella un rostro familiar, una emoción compartida, una verdad dicha con el alma.

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