El sábado por la noche, en el Domo de la Feria de León, se escribió otro capítulo del ritual rocanrolero que El Tri ha mantenido por más de cinco décadas. Una tradición que se ha vuelto costumbre, cada año, el escenario leonés se convierte en su casa.
Playeras estampadas con el rostro de Alex Lora, chamarras de piel, pantalones de vinopiel y los eternos converse llenaron los pasillos desde temprano. Afuera lloviznaba, adentro el calor se sentía incluso antes de que el primer acorde sonara.
A las 8:00 pm, Luzbel fue el encargado de preparar el terreno. Cerca de 4 mil personas aguardaban la llegada de Lora con cerveza en mano, gritando, cantando y levantando los puños.
El reloj marcaba las 9:30 cuando un video proyectó en pantalla los 55 años de historia de la banda. Minutos después, apareció Toño, el danzante ceremonial, acompañado por una danza prehispánica y la imagen de Quetzalcóatl. El grito de guerra llegó con los primeros temas: “La raza más chida” y el Himno Nacional, mientras se realizaban honores a la bandera.
“Mexicanos, vivan los héroes que nos dieron patria. Viva Hidalgo y Morelos, viva Villa y Zapata, chinguen a su madre los pinches políticos rateros y corruptos. ¡Viva México, viva México cabrones y que viva el rocanrol!”, lanzó Lora, fiel a su estilo.
El setlist recorrió décadas de historia con “Perro negro y callejero”, “Metro Balderas”, “Todo me sale mal”, “Abuso de autoridad” y “Las piedras rodantes”. A mitad del concierto, un león de peluche voló hacia el escenario. Lora lo recogió y lo colocó sobre una bocina, mientras anunciaba el lanzamiento del celular de El Tri con bocina integrada y canciones precargadas.
También hubo espacio para recordar a Lalo Terán, pianista, y a Guadaña, de Banda Bostik. Con su esposa Chela Lora, su “Domadora”, abordaron el tema de la violencia de género: “Ni una más”.
Al final, la lluvia volvió. El público se despidió empapado, pero con la frase retumbando: “Estamos siendo felices”. Porque ir a un concierto de El Tri no solo es escuchar música, es recibir una clase de historia, otra de denuncia social y una lección permanente de lo que significa vivir con rock.