León, Gto.- Con un formato accesible y al aire libre para acercar la ópera a nuevos públicos. En un estado donde la ópera alguna vez se asoció con teatros solemnes y etiquetas rigurosas, hace una década apareció un proyecto que le dio la vuelta al libreto: Ópera Picnic. Con mantas en el pasto, copas de vino, tablas de quesos y hasta foodtrucks, esta iniciativa cambió para siempre la forma de ver (y vivir) la ópera en León.
Desde marzo de 2015, el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña, convirtió la ópera en una experiencia para compartir al aire libre, entre amigos, en pareja o en familia. ¿La misión? Democratizar el acceso a este arte escénico y romper con el mito de que la ópera es solo para unos cuantos.
Este abril, el proyecto celebra su décimo aniversario con una edición especial en el Foro BanBajío, que arrancó este jueves con una doble función: Cavalleria rusticana y Pagliacci, dos títulos emblemáticos del repertorio verista italiano. Más de 1,800 personas se reunieron para vivir una noche llena de drama, música y estrellas —en el cielo y en la pantalla.
El ambiente fue festivo, relajado y profundamente cultural. Sillas portátiles, cobijas extendidas, parejas brindando, niños comiendo pizza y familias completas siguiendo el drama de Turiddu o las lágrimas de Canio. Una escena que hace apenas unos años parecía improbable, hoy es parte esencial del calendario cultural de León.
Ópera Picnic ha presentado montajes como El Barbero de Sevilla de Rossini, Madama Butterfly de Puccini, Aida y ahora El Trovador de Verdi, que cerrará esta edición el sábado 26 de abril a las 20:00 horas. Este viernes 25, la pantalla gigante proyectará Adriana Lecouvreur desde el Teatro Real de Madrid. Todo, con entrada libre.
El evento no se ha limitado a León. Ha llegado a otras ciudades del estado, como Irapuato, donde el Parque Irekua se convirtió en escenario cultural con funciones al aire libre y presencia de emprendedores locales. Durante la pandemia, incluso se adaptó a formatos virtuales e híbridos, manteniendo viva la experiencia desde casa.
Hoy, Ópera Picnic es más que una función cultural: es un parteaguas en la forma de acercarse al arte lírico. Una ópera donde se aplaude con una copa en la mano, se canta bajito desde una manta, y se comparte el drama con quien se tiene al lado. Una revolución silenciosa que, diez años después, sigue creciendo nota a nota, estrella tras estrella.
La invitación está abierta: la ópera ya no se escucha solo desde butacas doradas… también desde el pasto, bajo la luna.