Detrás de cada operativo con unidades caninas hay historias que pocas veces se cuentan. Son jornadas de entrenamiento, confianza y trabajo diario con un compañero que no habla, pero que responde a cada indicación con precisión. En Guanajuato, mujeres policías de la Unidad K9 de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado caminan junto a sus canes en tareas de seguridad, formando binomios que se construyen con disciplina y cuidado constante.
Para ellas, el uniforme representa una responsabilidad. Para sus compañeros caninos, el entrenamiento se convierte en una forma de acompañar cada paso del trabajo policial. Así se escriben historias como las de Rocío y Laura, dos oficiales que hoy forman parte de esta unidad especializada.
Rocío y Peggy: un vínculo que nació en el entrenamiento
El primer encuentro de la policía Rocío con Peggy, su compañera canina, no fue sencillo. Cuando recibió a la perra que la acompañaría en operativos de búsqueda de narcóticos, la experiencia fue distinta a lo que había vivido antes. Acostumbrada a convivir con perros pequeños, el primer entrenamiento con Peggy representó un reto que hoy recuerda con humor.
“Mi mayor emoción fue que me asignaron a la Unidad K9 en donde soy manejadora de caninos para la búsqueda de narcóticos (…) Cuando me entregaron a mi compañera Peggy, estaba acostumbrada a trabajar con perros pequeños y la primera vez sí me dio una buena arrastrada”, relató.

Con el paso de los años, ese inicio se transformó en coordinación durante operativos. Rocío cuenta con el grado de policía segunda dentro de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado y también participa en la preparación de los binomios que integran la unidad.
Parte de su formación incluyó capacitaciones en Orlando, Florida. Actualmente colabora en el entrenamiento de 21 binomios K9 que participan en operativos relacionados con la detección de narcóticos, supervisando que los canes cuenten con preparación física y entrenamiento antes de salir a servicio.
Para la oficial, abrirse paso dentro de una corporación también ha implicado enfrentar desafíos.
“Es complicado para algunos compañeros recibir órdenes de mujeres, pero para eso estamos: para aprender todos y que se entienda que las condiciones son iguales”, expresó.
Laura y Bela: un sueño que comenzó en la infancia
A unos metros de ese mismo entrenamiento suele verse a Laura junto a Bela, la perra que hoy es su compañera en la Unidad K9. Su historia comenzó mucho antes de entrar a la corporación. Desde niña imaginaba portar uniforme y viajar en una patrulla. Ese sueño se convirtió en meta cuando decidió ingresar al Instituto de Formación en Seguridad Pública del Estado.
“Era mi sueño; veía las patrullas y decía: ‘algún día iré en una de esas’. Me motivó mi hija para iniciar mi carrera; cuando pasé los exámenes me daba la ilusión de seguir y echarle más ganas”, compartió.

Tras graduarse fue asignada a la unidad canina, un espacio que hasta ese momento no conocía. Fue ahí donde comenzó su preparación como manejadora. Al observar a otros oficiales trabajar con sus perros, decidió que también quería formar parte de esos binomios.
“Yo no sabía de la existencia de la unidad; cuando observaba a mis comandantes con sus caninos decía: ‘ahora quiero ser manejadora’. No solo haces tu trabajo, también cuidas a tu compañero canino”, explicó.
El trabajo detrás de los binomios K9
En la Unidad Canina K9 de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado, cada binomio está integrado por un oficial y un perro entrenado para participar en operativos relacionados con la detección de narcóticos y apoyo en tareas de seguridad.
El trabajo no se limita a los operativos. También incluye jornadas de entrenamiento, cuidado del can y la construcción de un vínculo que se fortalece con el paso del tiempo.
Las historias de Rocío con Peggy y de Laura con Bela muestran cómo se forma esa relación que acompaña cada jornada de servicio, donde una mujer policía y un can trabajan como un solo equipo en las tareas de seguridad en Guanajuato.