Su día
León, Gto.- El Arco de la Calzada se ha convertido con los años en el punto donde cada 8 de marzo empiezan a encontrarse historias distintas. Ahí llegan mujeres, profesionistas, amas de casa, estudiantes, mujeres que trabajan en oficinas, en escuelas, en hospitales, en negocios o en sus casas. Mujeres que vienen de colonias distintas, con edades distintas, todas con historias distintas.
Algunas llegan con carteles enrollados, otras con pañuelos morados o verdes atados a la muñeca. Muchas llegan buscando desahogo entre la multitud.
Poco a poco, se forman los grupos, se organizan los contingentes, se levantan los primeros carteles, con el paso de los minutos, la explanada luce llena, teñida de diferentes tonos de morado y verde.
Manos que no se sueltan
Autoridades estimaron que este año participaron cerca de 10 mil personas, pero más allá de la cifra, hay escenas que definen cada marcha.
Este año, una de ellas se repetía constantemente: Madres e hijas caminando juntas, entre la multitud había algo que aparecía una y otra vez: manos tomadas, madres junto a sus hijas.
Para algunas mujeres mayores era la primera vez que marchaban. No habían venido antes, esta vez caminaban motivadas por sus hijas.
Para muchas jóvenes también era un momento distinto: marchaban junto a la mujer que las crió, quienes son su lugar seguro, caminarían con ellas aproximadamente una hora y media.
Justicia para Ximena
Entre los miles de rostros que se congregaron apareció una madre y padre que llegaron desde las 2:00 de la tarde, con mantas que exigían justicia para Ximena Morales, ni los fuertes rayos de luz les hicieron moverse ni un segundo, ellos encabezaban el contingente de familiares de feminicidio, esta era la primera vez que asistían a la marcha.
Su padre, Óscar Morales Peña, accedió hablar sobre el caso de su hija, asesinada el 14 de febrero de 2024.
“Nosotros pedimos justicia porque me la mataron el 14 de febrero del 2024 y la verdad no han hecho nada las autoridades. Desde un principio me comentó el ministerial que nunca se iba a saber por qué ni dónde, entonces para mí se nos hizo muy… muy injusto. Y seguí luchando, yendo… es muy fuerte el dolor. Mi única hija dejó a un niño, yo seguí yendo a la Fiscalía y… no me dejaron cremarla porque fue feminicidio, ya lo comprobé con las pruebas que yo le he llevado, pero ellos dicen que a lo mejor pudo haber sido sexo consensuado, entonces estoy indignado y pido justicia”.
Sus palabras quedaron suspendidas entre el movimiento de la marcha.
Las consignas
Poco antes de las 4:00 de la tarde, se dio el toque de salida, en medio del ruido de las consignas, entre el avance lento de las manifestantes, las conversaciones iban apareciendo.
Historias que antes no se habían contado, experiencias de trabajo, de familia, de momentos que durante años se guardaron en silencio, relatos que ahora se decían mientras caminaban.
Las hijas escuchaban, as madres recordaban: “Ni una más”, “Ya nadie nos va callar”, “No quiero ser la próxima”, entre cada paso se iba formando algo más que una marcha, era también una conversación entre generaciones, una forma de aprender a nombrar lo que antes se quedaba callado.
Mientras miles de mujeres caminaban, la historia de Ximena se sumaba a los nombres que aparecían en los carteles.
Aparece la iconoclasia
Cuando la marcha comenzó a avanzar, el contingente tomó el bulevar Adolfo López Mateos, donde se hizo presente la iconoclasia, intervención, daño o destrucción simbólica de los paraderos del transporte público ubicados en el bulevar López Mateos.
Las consignas empezaron a repetirse con más fuerza mientras el grupo avanzaba, se intervino también en algunas fachadas de negocios, entre ellos, una sucursal del Banco del Bajío.
Las consignas escritas en las paredes se sumaban a las que ya se escuchaban en las voces de quienes caminaban.
Se manifiestan de otra manera
En medio del recorrido también aparecieron otras formas de acompañar la marcha.
En distintos puntos, personas entregaban botellas de agua a las manifestantes. Desde las banquetas o desde pequeños grupos organizados, extendían las manos con botellas mientras el contingente pasaba.
Algunas mujeres se detenían unos segundos para beber, otras recibían la botella sin dejar de caminar.
¡No te metas con mi Fe!
Con una valla humana, tomados de la mano y mantas que decían: “Respeta mi fe”, las manifestantes fueron recibidas en la Catedral Basílica Metropolitana de León.
Ahí ocurrió un momento de tensión, algunos feligreses intentaron impedir el paso de las manifestantes. Hubo reclamos, gritos y consignas, pero la marcha continuó avanzando por el centro de la ciudad.
Las voces frente a Presidencia
El recorrido terminó frente a la Presidencia Municipal de León. Ahí se leyó un posicionamiento.
Las voces hablaron de organización, de dignidad y de comunidad. Dijeron que el feminismo busca desmontar estructuras de dominación que jerarquizan y violentan.
Se habló también de mujeres indígenas históricamente despojadas, de quienes viven bajo silencios impuestos, de niñas atrapadas en matrimonios infantiles.
Se mencionó a quienes han sobrevivido a violencia sexual y a quienes han sido calladas dentro de espacios de poder.
Las oradoras dijeron que no es necesario coincidir en todo, pero sí defenderse entre todas y construir colectividad.
El regreso
Poco a poco la concentración comenzó a dispersarse. Las consignas fueron apagándose con el fuego prendido afuera de la casa municipal.
Los grupos empezaron a regresar a casa, entre ellos seguían caminando madres e hijas.
Algunas todavía hablaban de lo que habían escuchado durante la marcha, otras caminaban en silencio, todavía con los carteles en la mano.
La marcha había terminado, pero no la historia de cada una de las que decidió ir a marchar.
Entre los nombres que se escucharon durante la jornada seguía presente uno: Ximena, mientras la ciudad volvía poco a poco a su ritmo cotidiano, la exigencia seguía en el aire, la justicia para Ximena todavía falta.

