León, Gto. Para quien decide asistir a un concierto de Alejandro Fernández en el Palenque de León, la paciencia y la resistencia son esenciales: la cita comienza pasada la medianoche y se extiende hasta entrada la madrugada.
Los más puntuales , llegan horas antes de la apertura de puertas. En los pasillos, grupos improvisados se acomodaban con cervezas y tequilas listos para acompañar la noche; las botellas se vaciaban rápido, pero nadie abandona su lugar, y las voces que anticipaban la llegada del Potrillo se mezclan con las rifas y la música de fondo.
El regreso que esperaban
Fue hasta las 12:24, que la puerta del redondel se abrió y Alejandro Fernández apareció. Con cabello oscuro, la barba perfilada, una arracada en la oreja y un traje de charro negro con moño y sombrero con incrustaciones doradas marcaron una presencia que parecía rejuvenecida.
Cada paso llenaba el escenario de autoridad y cercanía. Saludó al público con el sombrero y, mientras el saxofonista iniciaba los primeros acordes de “No me sé rajar”, ramos de rosas comenzaron a volar desde las primeras filas hacia el redondel. Él los recibió inclinando la cabeza y sonriendo, mientras la multitud coreaba cada nota de las canciones, “Hermoso cariño” y “Es la mujer”.
Antes de continuar, se dio un momento que se ha repetido cada año: una niña le entregó un ramo de rosas y Alejandro le devolvió su moño, es algo que ya forma parte de la historia del Palenque.
“Los extrañaba mucho”
Fernández, tomó un descanso y se dirigió al público: “León, León, muchas gracias. Estoy muy contento de poder estar aquí en una de las ferias más importantes del país. Este es mi primer show del año y, como dice el dicho, lo que bien inicia bien acaba. El año pasado no vine y los extrañé mucho. Esta noche voy a celebrar la música ranchera y a rendir homenaje a mi padre con el tour de Rey a Rey.”
Su mensaje resonó con fuerza, su público respondió con aplausos y vítores que llenaron todas las gradas.
Coros que recorrieron el Palenque
El repertorio continuó con “Estuve”, “Te voy a perder” y “Te olvidé”, mientras Alejandro invitaba al público a acompañar los coros. Las voces se escuchaban desde la primera fila hasta la última grada. Ramos de rosas seguían cayendo sobre el escenario, y el cantante las recogía con gestos de agradecimiento.
Se quitó el sombrero para interpretar temas norteños, incluyendo “Qué voy a hacer”, mientras saludaba a quienes extendían sus manos. Cada canción mostraba su conexión con León, gritos, coros y vasos levantados de cervezas y tequilas, que se vaciaban pero no disminuían la energía.
Momento emotivo: homenaje a Vicente Fernández
Alrededor de las 2:00 de la mañana, llegó el bloque más emotivo, Alejandro dedicó varias canciones a su padre, incluyendo “Te miré”, “Por tu maldito amor”, “Mujeres divinas”, “Me voy a quitar de en medio” y “Para siempre”, la emoción lo alcanzó y, en más de una ocasión, su voz se cortó mientras recordaba a su padre.
El público lo acompañó en cada verso con coros, levantando copas y coreando frases que habían escuchado toda la vida. Con “Volver, volver”, “Acá entre nos”, “De qué manera te olvido” y “El rey”, la memoria del Charro de Huentitán se sintió presente en cada rincón del Palenque.
Cierre de la noche
Hacia el final, el repertorio incluyó “Hoy tengo ganas de ti”, “Un millón de primaveras”, “Caballero”, “Me está doliendo”, “Las botas de charro” y “Estrella”. Alejandro mantuvo la energía en toda la velada, los tragos, la música y la tradición se mezclaron en el regreso del rey al palenque de León.